Antoine D'Abbadie en Etiopia (1838 - 1848)


Mapa esquemático de las rutas principales utilizadas por Antoine D'Abadie en su periplo africano entre 1837 y 1848.

    La aventura africana de Antoine D'Abaddie comenzaba aquel domingo 15 de octubre de 1837 cuando el barco que zarpó de Marsella dos semanas antes arribaba a Alejandria. Allí le esperaba su hermano Arnauld y juntos llegaban dos días más tarde a El Cairo navegando por el canal Mahmoudieh. Tras visitar las pirámides donde Antoine pudo practicar con sus instrumentos geodésicos, empezaron a preparar la caravana que les llevaría hasta el interior de Etiopia. Antoine había traído de Francia los instrumentos de navegación y cartografía, algunas armas con su munición y medicinas. En el Cairo se aprovisionan de víveres y de diversas mercaderías como telas de algodón y abalorios que les permitirán negociar los derechos de paso por los diferentes sultanatos, gobiernos y reinos que atravesarán en su ruta. También en El Cairo se equipan de camellos y mulas y contratan los guías, traductores, camelleros y otros servidores que necesitan para el viaje de aproximación a la Abisinia.

    Para organizar la caravana, los D'Abbadie contaron con la ayuda del arqueólogo francés Emile Bota, persona influyente en el Cairo y médico personal del bajá de Egipto, Mehemet Alí. La noticia de una expedición francesa que se dirigía a la Abyssinia en busca de las fuentes del Nilo se extendió por la ciudad. Pronto se enteraron que en el convento de los Frailes Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa estaba alojado un estudioso del árabe. Era Giuseppe Sapeto, joven italiano de 26 años de la congregación de los lazaristas que tenía un buen dominio del árabe aprendido en Siria. Aunque inicialmente puso objeciones a incorporarse a una expedición laica, cambió de parecer cuando constató el espíritu religioso de Antoine. Sapeto tenía vocación de mártir por aquella época pero más tarde se aficionó a la lingüística, ejerció de explorador y culminó su trayectoria como diplomático al negociar la compra del puerto de Assab para el gobierno italiano en 1870.

    De El Cairo navegaron en barcazas durante siete días los 500 kilómetros hasta llegar a Quenah donde se despidieron del Nilo. En un acto emotivo, bebieron con las manos agua del río mientras prometían que volverían a beberla en sus fuentes. Era el 25 de diciembre de 1837. Antoine tenía 27 años y Arnauld 22.

    Tras abandonar el curso del Nilo, la caravana se alejó de Quenah y atravesó el desierto arábigo (en territorio africano) hasta alcanzar el puerto de Qusair en la ribera izquierda del Mar Rojo. De allí partieron para Yenbe y Jeddah, dos puertos importantes en la costa asiática que eran utilizados por millares de peregrinos en su camino hacia Medina y la Mecca. Sus mercados eran de mucho colorido y proveían a los mercaderes y viajeros de alfombras persas, espejos, espadas y cuchillos así como de bálsamos y otras oleorresinas. De Jiddah partieron en otro barco hacia Massawa donde llegaron el 17 de febrero.


Antoine D'Abbadie

    Massawa era el puerto de mercaderías con más trafico del Mar Rojo y por allí se detenían los barcos que iban y venían de Egipto y Arabia desde el oeste y hasta la India y el norte de Sumatra por el este a través del océano Indico. De la India y Sumatra los barcos traían sedas, algodón, madera, plomo y hojalata. De Arabia entraban alfombras persas, espadas y cuchillos y de Egipto el azúcar y las telas de calicó y percal. Las mercancías que se cargaban de tierra provenientes de la Abyssinia y Sudán, eran de trigo, café, cera, miel, incienso, mirra, lana, almizcle y sobre todo, esclavos, oro y marfil. Asi, en 1838, año en que D'Abbadie entró por primera vez en la ciudad, el tráfico de esclavos suponía el 57% del total de las exportaciones mientras que el oro y el marfil representaban el 20% de las mismas. Masawa tuvo que sorprender también a los D'Abbadie por la diversidad étnica y lingüística que se entremezclaban en sus calles. Turcos, árabes, griegos y europeos formaban parte importante del grupo de mercaderes y agentes mientras que entre los abisinios había también una variedad étnica que se podía dividir entre afroasíaticos y negroides. Los primeros se dividían a su vez en semitas y cushitas y los segundos en nilóticos y omóticos. Los negroides formaban el grueso de los esclavos que trabajaban en Masawa así como los que venían en las caravanas desde Gondar y Kassala para ser vendidos y embarcados hacia otros destinos.

    El trayecto de Masawa a Adwa es de unos 17 días y el camino asciende bruscamente en su primera mitad hasta alcanzar el altiplano abisinio con cuotas superiores a los 2.000 metros. En este tramo tuvieron ya que soportar el acoso de jefes locales que les retenían, a veces por largos períodos de tiempo, exigiéndoles el pago de un impuesto de paso que ellos trataron de evitar en lo posible alegando que no eran comerciantes.

    Los problemas continuaron cuando en las proximidades de Adwa se vieron retenidos por su jefe local, el Dejazmach (conde) Ubié quien había recientemente expulsado de su territorio a una partida de misioneros protestantes. Los D'Abbadie tuvieron que emplear su diplomacia y sus mercancías para conseguir su permiso para continuar la ruta. A los biógrafos les gusta señalar que fue el discurso que hizo Arnauld el que inclinó la balanza a su favor: "El hombre pálido -dijo Arnaud- es mi hermano. El estudia los aires, las aguas y las estrellas y yo, por mi parte, vengo a respirar el aire de vuestras montañas, a beber el agua de vuestras fuentes y a buscar amigos entre vosotros".

    Al día siguiente, 13 de mayo de 1838 llegaban a Adwa y 13 días más tarde entraban en Gondar, ciudad que impresionó a los D'Abbadie por su recinto imperial, un conjunto de edificios y palacios único en el Africa subsahariana. La ciudad, que había brillado como centro del imperio cristiano etíope en la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII, se encontraba ya en decadencia aunque mantenía la presencia de las autoridades eclesiásticas y de diversos artesanos donde destacaban los orfebres, ceramistas y alfareros. Era tambien un importante centro comercial con sus dos mercados semanales donde confluían tres grandes rutas de caravanas. Una que venía desde el sur, desde las regiones de Kaffa y Jimma-Kaka de donde llegaban principalmente marfil y esclavos. Otra que venía de Egipto y Sudan, vía Sennar, que traía además de esclavos, el oro mas preciado que llegaba a Gondar y la tercera era la que conectaba las rutas anteriores con el puerto de Masawa.   


Gondar. Vista panorámica del recinto imperial.

    Una vez asentados en la ciudad y después de haber obtenido las permisos pertinentes de la autoridad local, los D'Abbadie empezaron a preparar los trabajos de cartografía. Pero pronto se dieron cuenta que los instrumentos imantados que utilizaban en las mediciones no funcionaban debido, según opinión de Antoine, a que "una antigua actividad volcánica ha formado inmensas zonas minerales por debajo de la superficie de arenisca de tal manera que mis agujas geodésicas se veían persistentemente atraídas hacia el subsuelo".

    Ante esta situación, Antoine tomó la difícil decisión de volver a Paris para discutir el problema con los expertos y tratar de adquirir la tecnología adecuada para la medición geodésica en territorio etíope. Se despidió de Arnauld en Gondar el 1 de julio dirigiéndose a Masawa donde según el plan acordado por ambos volverían a encontrarse al cabo de un año.

    D'Abbadie entró en Europa en Septiembre de 1838 y su primera escala fue Roma donde se entrevistó con el Prefecto de la Propaganda Fide, Cardenal Franzoni, con quien habló de las posibilidades y estrategias de una misión católica en Etiopia a la vez que le entregaba los informes para tal fin que el lazarista Giuseppe Sapeto le había entregado a su paso por Adwa. Para marzo del año siguiente estaría ya preparada una expedición misionera encabezada por Justino de Jacobis que estableció en tierras del TIgray el Vicariato Católico del Norte Abisinio. El segundo Vicariato etíope será propuesto por el mismo Antoine D'Abaddie tras su primera incursión en las tierras de los Galla, las que están por debajo del Nilo Azul. Era, tras el estrepitoso fracaso protagonizado por el jesuita Pedro Paez a principios del siglo XVII, el segundo intento promovido por la iglesia católica para asentarse en tierras etíopes donde el cristianismo ortodoxo era la religión mayoritaria durante más de un milenio. El intento se consolidó y las estructuras católicas instituidas en aquel momento han permanecido y ampliado hasta extenderse por todo el territorio etíope y eritreo actual aunque con una discreta presencia.


Samuel y el león. Finales del siglo XV. Colección de pinturas etíopes de Antoine D'Abbadie.

    En reconocimiento a su trabajo para las misiones católicas Antoine D'Abbadie fue recibido por el papa Gregorio XVI quien nombró a él y a su hermano Arnauld Caballeros de la Orden de San Gregorio Magno con medalla de ocho puntas y la divisa Pro Deo et Principe sobre campo de azur. Este honor especial se otorga en reconocimiento a su servicio personal a la Santa Sede y a la Iglesia Católica Romana.

    Durante el año que estuvo en Europa (1839) D'Abbadie recorrió salones y foros científicos en Roma, Londres y Paris donde mostró sus mediciones astronómicas y los estudios topográficos que hicieron en su travesía por el Mar Rojo. Expuso también sus problemas de imantación con sus aparatos de medición geodésica ante geógrafos y proveedores hasta que se hizo con un buen acopio de nuevos instrumentos como cronómetros, sextantes, hipsómetros y teodolitos provistos por los fabricantes Gambey y Breguet.

    A principios de 1840 salía hacia Etiopia y para el mes de febrero estaba ya en Massawa donde le esperaba su hermano Arnauld. Se dirigen a la región de Siemen pero al llegar a Adua el Dejemach Burie les impide el paso y es entonces que deciden separarse. Antoine vuelve a la costa y Arnauld conseguirá volver solo a Gojjam.

    Fue en Inmabira, cerca de Masawa, donde Antoine sufrió un accidente de caza al resultar herido en los ojos por un casquillo de bala. El traumatismo le produjo un oftalmia que le dejó prácticamente ciego. Arnauld acude a Massawa en ayuda de su hermano y allí les dicen que encontrarán tratamiento para la oftalmia de Antoine en Aden a donde llegan el 10 de noviembre. Al no encontrar ningún especialista adecuado ambos hermanos vuelven juntos hasta Hodeydah donde Arnauld se quedará mientras que Antoine seguirá viaje hasta El Cairo donde recibirá tratamiento del doctor Pruner. En un mes mejora su oftalmia y embarca hacia Adén para encontrarse con Arnauld que andaba viajando por el Mar Rojo. Pero una vez en Aden, comienza a sufrir el hostigamiento del cónsul británico, capitán Heines, quien dice de él que es un espía francés que se hace pasar por ciego.


Massawa en 2004

    Sintiéndose amenazado, cruza el golfo de Aden hasta el peligroso puerto de Barbera en la costa africana donde espera a Arnauld. Las autoridades de Barbera les exigen para proseguir viaje un salvoconducto del consulado inglés de Aden que a pesar de la petición de los D'Abbadie no llega. En la espera, planean viajar a Gójjam siguiendo la ruta de Harar pero cuando les llegan noticias de que los británicos de Aden han puesto precio a sus cabezas, deciden alquilar unos dromedarios meharis y consiguen llegar el 18 de enero de 1841 a Tadjoura donde son también retenidos por las autoridades locales en espera del salvoconducto inglés. Finalmente, tras cuatro meses de espera, el gobierno de la ciudad cede ante la diplomacia de los D'Abaddie y desentendiéndose del asunto les dejan partir el 13 de Mayo de 1841 hacia Masawa lejos ya de la influencia inglesa.

    Esta vez no tendrán problemas para atravesar el Tigray y consiguen alcanzar Gondar sin demora donde Antoine se dedicará al estudio del amárico a la vez que se interesa por los textos antiguos etíopes. En 1842 navega por el lago Tana e inspecciona sus regiones circundantes. Es en esta época que visita las cataratas del Tis Isat cerca de Bahar Dahar a las que calificó como "la más bella masa de agua que he visto en Abisinia". Hacia el este viajó hacia Debre Tabor y Lalibela donde no pudo realizar su plan de visitar las fuentes del Takezze debido a una enfermedad que le obligó a retirarse a Gondar. En el año 1843 volvió a Lalibela y como consta en una nota manuscrita en amárico por el propio Antoine, donó en la iglesia de Bet Mikael una biblia escrita en Geez que data del siglo XIII.


Principales rutas utilizadas por Antoine D'Abbadie durante su estancia en Etiopia entre los años 1838 y 1848.

    Fue a mediados de ese año de 1843 cuando Antoine se decidió a llegar hasta el país de los Gallas mas allá del Nilo Azul. Utilizó la ruta que pasa por Mota y Debre Warq para llegar hasta Baso donde llegó en compañía de su hermano Arnauld. Baso era el primer centro comercial importante de Gojjam para las caravanas que venían de Kaffa y Enarya. En Baso pensaron que era preferible que Antoine viajase solo por el territorio de los Gallas para que Arnauld, que tenia poder en la corte del Gojjam, pudiese presionar en el caso de que algún rey local le impidiese el viaje de regreso.

    Antoine partió de Baso con una caravana que atravesó el Nilo Azul para adentrarse en la región de los Oromos (Gallas) y su plan de viaje era el de llegar hasta la remota región de Kaffa. Para ello debería de atravesar las regiones de Gudrus, Enarya y Jimma-Kaka. Abbadie quedó retenido en Saka, capital de Enarya, por el rey Abba Bogibo que le dispensó una buena acogida. Hay una anotación en sus cuadernos datada en Septiembre de 1843 en la que describe una escena en el mercado de Saka donde había una gran cantidad de esclavos entre los que menciona a una abuela con sus hijas y nietos. En noviembre, Aba Bogibo le invitó a participar en el viaje que les llevaría hasta Bonga, para casarse con la que sería su onceava mujer, la hermana del rey de Kaffa.

    A la cabeza de un cortejo de mil personas que transportaban numerosos regalos iban Aba Bogibo y Antoine D'Abbadie. La ocasión fue un golpe de fortuna para Antoine pues el camino era difícil para un extranjero debido a las negociaciones que exigían los jefes y reyes locales por atravesar sus dominios. Una vez en Kaffa, aprovechó para explorar los alrededores y en especial el río Gojeb pues pensaba, al igual que Bruce, que este podría ser el inicio del Nilo Blanco.


Pagina ornamentada escrita en Geez. Manuscritos etíopes de Antoine D'Abbadie.

    Después de una estancia de 14 días en la capital de Kaffa, Bonga, la expedición de Abba Bogibo volvió hacia Saka. En el camino, D'Abaddie se detuvo para explorar en los bosques de Babia, cerca del monte Bora donde brotaban unas fuentes que continuaban en el rió Gibe. D'Abaddie pensó que estas serían las fuentes del Nilo Blanco pero de momento se retiró a Saka con la idea de volver para hacer el descubrimiento en compañía de su hermano Arnauld de una manera más oficial y ostentosa. De vuelta a Enarya, Antoine fue retenido contra su voluntad por Abba Bogibo quien finalmente aceptó su marcha tras la amenaza que le hizo Arnauld D'Abaddie de interceptar en Gojjam todas las caravanas con destino a Enarya si no autorizaba el regreso de su hermano.

    Antoine d'Abbadie pudo al fin regresar a Gojjam donde se reunió con su hermano para seguir trayecto hasta Quaratta en la orilla sudoriental del lago Tana en el reino de Begmender. D'Abbadie se dedicaría ahora a completar sus trabajos de cartografía que habia comenzado tras su periplo por el Mar Rojo en el año 1841. Después de descubrir lo que en su opinión era el nacimiento del Nilo Blanco en los bosque de Babia en la región de Enarya, D'Abbadie sentía ahora la necesidad de cartografiar todo el pasillo abisinio entre el puerto de Massawa y la región de Kaffa situada más al sur que las fuentes del río. El mapa completo abarca una longitud de 900 kilómetros por unos 300 de ancho en la región que iba desde más alla del lago Tana hasta Lalibela que es la zona más extensamente cartografiada.

    También en este período Abbadie se dedicó a recopilar textos religiosos en Geez y completó una colección que contenía también algunos de los textos apócrifos de la doctrina cristiana. Al mismo tiempo D'Abbadie seguía en comunicación con la Propaganda Fidae del Vaticano y a la vuelta de su primera incursión en el territorio Galla informó de la buena acogida que tendrían en Enarya los misioneros católicos. La respuesta no se hizo esperar y el propio papa Gregorio XVI se implicó en la expedición que llegaría a Etiopia en 1846 encabezada por el capuchino Giullamo Massaja que le entregó una carta manuscrita por el ya fallecido papa.


El emperador Tewodros (1855 - 1868) impartiendo justicia. Clickea en la imagen para aumentarla y ver los detalles. .

    Antoine D'Abbadie que había estudiado leyes en Paris se interesó tambien por el código legal vigente en la Etiopia cristiana, el Fetha Negest (Leyes de los Reyes). Fue ensamblado a partir del derecho romano, bizantino y de la Torá judía. Empezó a utilizarse hacia 1450 durante el reinado de Zara Jacobs y aunque parcialmente reformado en 1915, estuvo vigente hasta 1930. El código penal era cruel en su aplicación y los ladrones reincidentes eran castigados con la amputación de una o dos manos. La misma pena se aplicaba para los que robaban del ajuar fuenerario de los muertos y a los ladrones de los recintos religiosos, además de la amputación de las manos, se les marcaba en el torso con un hierro candente la señal de la cruz. Y las prácticas de investigación jurídica para la determinación del culpable chocaban de frente con el espíritu racional de la Europa del siglo XIX. Así, para la detección del ladrón (leba shay) la práctica consistía en proporcionar una droga alucinatoria poderosa a un joven que deambulaba sin control por los alrededores hasta caer al suelo en las cercanías de la casa de algún desafortunado que era considerado culpable del delito que se estaba juzgando. Otro procedimiento procesal extraño para los europeos era el modo en el que el demandante y el demandado o el acreedor y el deudor eran atados a la misma cadena hasta que se dictase sentencia (método Quaranga).

    Y si esto sucedía en los civilizados reinos cristianos al norte del Nilo Azul, una vez que se cruzaba este río sus gentes practicaban mayoritariamente en aquella época las religiones animistas donde los rituales religiosos incluían sacrificios humanos y los hechiceros necesitaban de órganos humanos para la composición de sus pociones mágicas. Así, en uno de los diarios de viaje de Antoine D'Abbadie se relata una ceremonia que tuvo lugar en el lago Coxa (no localizado para quien escribe esto) que consistió en tatuar y adornar a un niño con los más vistosos abalorios para después ahogarlo en el centro del lago. Más encarnizado todavía resulta este relato que Abbadie constató en las tierras de los Gallas : "Junio, 13. Un guerrero djimma ha entrado en el poblado, se ha fijado en una muchacha y la ha derribado. Algunas mujeres le han dicho que era tan solo una niña virgen pero el djimma les ha respondido que era justo eso lo que buscaba. Después la ha tumbado y la ha degollado como una bestia, le ha abierto el vientre, le ha arrancado el peritoneo y se ha marchado. Al parecer, un adivino le ha predicho mejor suerte si para ver su futuro le llevaba antes el peritoneo de una virgen".


Mujeres elaborando injera, el pan etíope. Pintura mural en el palacio D'Abbadie.

    Hombre de su época, D'Abbadie que aceptó a esclavos como regalo, tomó partido en la lucha por la abolición de la esclavitud y redactó informes que influyeron en la resolución para su derogación que adoptó Arago el 27 de abril de 1848 como ministro del gobierno provisional. Pero además de su posición antiesclavista, D'Abbadie se hizo un estudioso en el tema. Las rutas de los esclavistas coincidían con las que el utilizó para moverse entre Massawa y Kaffa y entrevistó a gran número de esclavos reuniendo unos documentos que le permitirían publicar varios artículos sobre el tema así como impartir diversas conferencias en Europa con un marcado carácter antiesclavista.

    A mediados del año de 1846 Antoine D'Abaddie se dispuso a certificar con solemnidad la tarea que oficialmente está a la cabeza de su expedición a Etiopía, el descubrimiento de las fuentes del Nilo, que él las situó en su anterior viaje de vuelta de Kaffa en el bosque de Babia. Ahora, volvía a Enarya en compañía de su hermano Arnauld y nos consta por sus diarios de viaje que llegaron a la capital Saka el 18 de julio donde fueron recibidos con júbilo por el rey Abba Bogibo. Después de unos meses de estancia forzosa en Enarya partieron hacia los bosques de Babia donde al pie del monte Bora, a 2650 metros de altitud un arroyo saltaba desde una escarpada pared que daría origen al río Gibe. Los hermanos D'Abbadie, queriendo dar solemnidad al descubrimiento, izaron en las mismas fuentes la bandera francesa. Antoine escribió varias cartas a Francia e Inglaterra dando noticia del evento: " . . . me afano en anunciaros que el 19 de enero de 1847 mi hermano y yo hemos plantado la tricolor en la principal fuente del Nilo Blanco".

    Después del descubrimiento, los hermanos D'Abbadie volvieron a Saka temerosos de que Aba Bogibo les retuvieses por largo tiempo en su reino. Sin embargo, la fortuna se puso de su parte porque Aba Bogibo queria casarse esta vez con la hija de Ras Ali, y solicitó a los hermanos D'Abbadie que intermediaran para la celebración del enlace matrimonial. A pesar que Arnauld huvo guerreado contra Ras Ali al lado de Dejamach Gousa de Gojjam, los hermanos aceptaron la misión de representarle y se acercaron a Debre Tabor, la residencia de Ras Ali. Una vez que pactaron el casamiento desaparecieron del lugar ocultándose en una caravana. Antoine se fue a terminar sus trabajos de geodesia y Arnauld volvió a su base de Gojjam.


Antoine D'Abbadie y sus servientes. El Cairo 1848.

    Corría el año 1847 y los hermanos D'abbadie cumplidos ya sobradamente los objetivos de su expedición empezaron a pensar en la vuelta. Sin embargo, la costumbre de vivir en aquellas tierras creaba los obstáculos que demoraban su regreso a Europa. Mientras tanto, su madre estaba ya muy inquieta por tan prolongada ausencia y envió a su tercer hijo, Charles, para que investigase primeramente en Roma y posteriormente en El Cairo sobre el paradero de sus hermanos. En El Cairo, Charles D'Abbadie se entrevistó con el cónsul Barrot quien tampoco tenía noticias de ellos. Tras recibir el permiso materno, Charles se decidió a viajar a Masawa desde donde envió mensajes a Adwa y Gondar que tardaron unos meses en recibir respuesta. Finalmente, los tres hermnaos se reunieron en tierras del Tigray y los tres juntos emprendieron el regreso. El viaje fue accidentado pues en la barcaza que les lleva de Jedah a El Cairo se extendió un brote de peste que diezmó a los pasajeros e infectó al menor de los hermanos aunque consiguió llegar a El Cairo donde se recuperó de la enfermedad. Pocas semanas más tarde, él y Arnauld llegaban a Marsella mientras que Antoine pospuso su entrada en Europa y aprovechó la cercanía para visitar su destino mas deseado: Jerusalem. De Jerusalem volvió a El Cairo donde encargó un retrato como recuerdo de su periplo africano. En el cuadro, él ocupa la posición central vestido con turbante y caftán otomanos. Aparecen también los tres servidores etíopes que le acompañaron a Jerusalem y otras referencias importantes de su estancia en Etiopia como el busto del papa Gregorio XVI, los códices etíopes copiados en Gondar, el mapa por él cartografiado y un paisaje con un río que no puede ser otro que el Nilo. El cuadro desapareció pero conservamos una reproducción del mismo hecha por la editorial Auñamendi.

    La llegada de Antoine D'Abbadie a Francia coincidió con la elección de Luis Napoleón como presidente de la república francesa en diciembre de 1848. Luis Napoleón compartió viaje a Brasil con Antoine en la fragata Andromeda cuando fue desterrado tras fracasar la revuelta militar por él liderada contra del Rey Luis Felipe en 1836. Le recibió en el palacio del Eliseo y D'Abadie le recordó con ironía que la cita que propusieron en 1836 fue para el palacio de las Tullerias y no para el Eliseo.


Residencia de Antoine D'Abbadie en Hendaya construida entre 1860 y 1870.

    A partir de ahí y durante todo el año de 1849 los hermanos D'Abadie fueron recibidos en numerosos lugares con felicitaciones y honores. Pero algo había sucedido en tierras africanas que transformó el carácter de ambos hermanos pues tuvieron serias dificultades de encajar en la vida parisina a su vuelta de Abisinia. Arnauld volvería pronto para Etiopia y Antoine prefirió retirarse en el lejano palacio de Zuberoa. Con todo, siguieron acudiendo a conferencias y celebraciones. El 26 de julio de 1850 ambos hermanos fueron distinguidos con la Medalla de Oro de la Sociedad Geográfica Francesa y dos meses más tarde recibirían la Cruz de Caballeros de la Legión de Honor.

    En ambas solemnes intervenciones, Antoine D'Abaddie terminaba su discurso repitiendo la misma idea: ".... después de mas de 10 años de viajes y no dos o tres como creí al principio, habiendo cumplido y sobrepasado el programa que me tracé en 1836, he dejado Etiopia cansado y al mismo tiempo con enorme pena".


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