07. Jesuítas, portugueses y catolicismo


Pintura mural de la caballería cristiana en el monasterio de Ura Kidane Meret, península Zege, Bahar Dahar

    Los intereses de los portugueses en Etiopia no se limitaron a un intercambio en los beneficios estratégicos y militares de ambos bandos. Parece que desde un principio las misiones portuguesas tenían también como objetivo el explorar la posibilidad de que la iglesia etíope rompiese sus relaciónes con Alejandría y pasase a depender de la iglesia católica de Roma.

    Joao Bermúdez llegó a Etiopia con la expedición portuguesa de 1520 y permaneció en el país después de que esta volviese a Portugal en 1526. Protagonizó un primer intento de anexionar la iglesia ortodoxa etíope al centralismo de la iglesia católica y en 1536 viajó a Roma para entrevistarse con el Papa Pablo III donde según su propia versión fue nombrado obispo. Después viajó a Portugal donde participó activamente en los preparativos de la expedición de 1541, la que finalmente ayudaría a los etíopes a terminar con Mohamed el Grang y sus correrías por el altiplano etíope. Poco después de la batalla que acabó con la vida de El Grang, Bermúdez trató de presionar al emperador Galawdewos para que aceptara su sumisión al papa de Roma. Sin embargo, ni Galawdewos ni ninguno de sus tres sucesores dieron muestras de que el cambio de la ortodoxia monofisicista fuera siquiera posible. Bermúdez fue exiliado primeramente al Tigray y abandonó definitivamente Etiopia en el año 1556. Pero los jesuitas portugueses persistirían en su idea en los próximos 70 años.

    Poco después de que Bermúdez abandonase Etiopia, el obispo jesuita Andrés de Oviedo llegaba al puerto de Arkiko con otros 5 jesuitas clérigos. Oviedo acusó a la iglesia etíope de practicar una forma falsa de cristianismo contaminada con el judaísmo, a lo que Galawddewos respondió publicando sus Confesiones donde defendía el monofisicismo ortodoxo etíope.

    Los sucesores de Galawdewos, Minas y Sarsa Dengel no respondieron a los intentos de los jesuítas de inmiscuirse en las cuestiones religiosas del país. En tiempos de Minas fueron relegados a Fremona, un lugar entre Aksum y Adua, donde estuvieron controlados y se les prohibió cualquier intento de proselitismo. Oviedo murió en Fremona en 1577.

    En 1603, disfrazado de mercader armenio, llegó a Massawa procedente de Goa el jesuita portugués de formación y español de origen Pero País (Pedro Páez) que protagonizaría la única conversión a la fe de Roma de un emperador etíope. Pedro Páez había sufrido cautiverio en Dhofar y Yemen durante siete años tras su primer intento para entrar en Etiopia. Parece que el cautiverio fortaleció su carácter a la vez que le permitió aprender el árabe, el persa y la historia de la región, conocimientos que le serían de mucha ayuda en sus relaciones iniciales con la corte etíope. Una vez en Etiopia su primer lugar de residencia fue Fremona donde estudio el amárico y el Geez con notable éxito lo que impresionó al nuevo emperador Za Dengel. Pedro Páez se distinguía por su sabiduría, buen carácter, capacidad de compresión y gran capacidad de explicación en la teología católica. Todo ello llevó al emperador Za Dengel a tomar la rápida decisión de convertirse al catolicismo. Parece que Páez le advirtió de no declarar sus intenciones de inmediato. Sin embargo, sus decretos sobre el cambio en la observancia del sabat provocaron que el patriarca de la iglesia ortodoxa lo excomulgase a la vez que se producía una revuelta que terminó con su vida. Páez sin embargo, había vuelto a Fremona y no se vio inmiscuido personalmente en dichos eventos.


Curas ortodoxos bailando a la manera bíblica

    El siguiente emperador que ocupó el trono fue Susenyos quien también invitó a Pedro Páez a su campamento y comenzó entre ambos una relación de amistad y respeto. Páez acompañó al nuevo emperador a su coronación en Aksum en marzo de 1609 de manos del Patriarca Simón recientemente llegado de Egipto. Susenyos tuvo que afrontar durante su reinado la presión de diversos pueblos que le atacaban por diversas direcciones en la periferia de su territorio: los turcos por el norte, los falashas en la región de Siemen, los agaws en el sur de Gojam y los oromos en el sureste de Shoa. La necesidad de buscar aliados entre las potencias católicas europeas fue sin duda uno de los motivos que llevó a Susenyos a considerar la conversión al catolicismo como un asunto de estado. Susenyos mandó al clérigo Antonio Fernández a buscar ayuda portuguesa. El plan era que el clérigo alcanzase la costa keniata en Malindi para proseguir desde alli su ruta hacia Portugal pero fue interceptado por las tribus oromos en el sur de Etiopia y tuvo que volver a la corte y cancelar el viaje.

    Pedro Páez acompañó a Susenyos en sus campañas guerreras por todo su reinado y aprovechó su posición en la corte para discutir temas teológicos con los más altos mandatarios del ejercito cristiano etíope. De entre sus primeros conversos declarados figuran varios de los lugartenientes de Suseyos y el hermano de este, Sela Cristos que tuvo un protagonismo destacado en el final catastrófico de la misión de los jesuitas en Etiopia. En el transcurso de estos viajes, tuvo Pedro Páez la ocasión de visitar las fuentes del Nilo azul en Gish Abay en el centro de Gojam convirtiéndose en el primer europeo que documentó su visita a tan mítico lugar. Más de un siglo después, el viajero escocés James Bruce se autoproclamaría como el descubridor de las fuentes.

    Fue a principios de 1622 cuando Susenyos decidió convertirse oficialmente al catolicismo. En una muestra de que la moralidad católica en materia familiar era más exigente que la ortodoxa, Susenyos despidió a todas sus mujeres y concubinas excepto la primera de ellas antes de recibir solemnemente los sacramentos en la religión católica. Pedro Páez sobrevivió pocas semanas a la conversión del emperador muriendo de fiebres altas el 3 de mayo de 1622.

    Tras la muerte de Pedro Páez y tras declararse Etiopia como país católico nuevos jesuítas fueron enviados desde Roma y Lisboa. Llegó tambien un patriarca católico, Alfonso Méndes, un jesuíta que fue elegido y consagrado en Lisboa aunque su cargo carecía de la aprobación papal. Cuando Méndes llegó a Etiopia en 1623 pronto se hizo patente que sus métodos distaban de los de Pedro Páez pues su sentido de la autoridad le llevaba a imponer los nuevos ritos y doctrinas de manera violenta y carente de tacto.

    Fue recibido oficialmente por Susenyos en Febrero de 1626 en una ceremonia pomposa donde Méndes argumentó la primacía de Roma sobre todas las iglesias a la vez que hacia jurar obediencia a clérigos, laicos y autoridades. Decretó de inmediato medidas para cambiar el rito ortodoxo que fueron divulgadas por todas las provincias del imperio. Como era previsible, el cambio de religión no tuvo la buena acogida del pueblo lo que provocó levantamientos en muchas partes del imperio. Los rebeldes capturaban a los conversos y los colgaban. Los agaw se levantaron contra el emperador y los virreyes de Tigray y Begemder que inicialmente se habían convertido al catolicismo volvieron a la fe ortodoxa. Un sobrino de Susenyos, Sarsa Cristos, proclamó emperador a Fasilides, hijo de Susenyos, pero fue apresado y llevado ante el emperador quien ordenó ahorcarlo.


Icono cristiano del siglo XVI. Escuela de Góndar

    En apenas 5 años la cantidad de revueltas y desórdenes que provocó el cambio religioso hizo reconsiderar la decisión a Susenios quien en 1631 hizo oficial la proclamación de que los etíopes “deben de seguir las costumbres de sus antepasados. Entren pues en la iglesia los clérigos de antes, repongan sus tabots y digan misa. Y regocijaos”. Méndes, furioso, trató de que el emperador invalidase la proclama. El hermano del emperador y ferviente católico Sela Cristos organizó un poderoso ejercito en Lasta que marchó en busca de Susenyos en junio de 1632 pero fue derrotado y el número de muertos en ambos bandos subió a 8.000. Después de lo acaecido Susenyos estaba enfermo y depresivo y tras abdicar a favor de su hijo Fasilides murió en Septiembre de 1632.

    A los jesuitas que eran unos 25 en aquel momento, se les permitió inicalmente quedarse en Fremona aunque suponiendo que estaban solicitando ayuda europea para restablecer el catolicismo fueron definitivamente expulsados de Etiopia en 1634. De entre los que optaron por quedarse tras el decreto de expulsión se sabe lo que sucedió a siete de ellos: dos fueron asesinados y cinco mandados ahorcar por orden de Fasilides. Sin embargo esta orden de expulsión a los jesuitas no afectó a los varios cientos de portugueses que vivían en Etiopia y que siguieron desarrollando sus trabajos como expertos artesanos siendo absorbidos por la población etíope tras varias generaciones.

    La mayoría de las historias consultadas coinciden en señalar a Alfonso Méndes como responsable directo del desastroso final en el intento de convertir a la iglesia ortodoxa etíope en católica. Estas mismas historias ensalzan la prudencia y sensibilidad de Pedro Paéz y Jerónimo Lobo. Pero cargar a Alfonso Méndez con la responsabilidad del sangriento final es ofrecer un juicio sesgado de los acontecimientos. Puede que no tuviera el tacto necesario para afrontar la situación del cambio. Pero el era un hombre de su tiempo y su tiempo era tiempo de dogma, inquisición y obediencia ciega al mandato de Roma. Por otra parte fue Pedro Páez quien con su buen oficio misionero propició la conversión del emperador que terminaría en un enfrentamiento religioso que causó mucho sufrimiento y muchas muertes. El mismo fue testigo de la oposición que suscitó la intención de conversión de Ze Dengel y de la revuelta rotunda que acabó con la vida de este. Páez fue el inductor de la arriesgada empresa de convertir al emperador y esperar que el pueblo llano y el clero ortodoxo aceptara un cambio tan radical en materia religiosa.


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