10. Tewodros II (1855 - 1868)


Tewodros II

    Hubo un rey que reinó brevemente a principios del siglo XV con el nombre de Tewodros. Su reinado dejó tal recuerdo de felicidad, plenitud y paz que el imaginario etíope quedo añorando otro emperador con el mismo nombre que volviese a traer la paz y la prosperidad al pueblo. Kassa Hailu era conocedor de esta profecía cuando eligió el nombre de Tewodros II en su coronación en 1855. Sin embargo su reinado, sobre todo en su parte final, estuvo lejos del bienestar anticipado en ella.

    Kassa Hailu nació entre 1818 y 1820 en la región de Qwara al oeste del lago Tana donde su padre era gobernador. Pero murió cuando Kassa era un niño y su madre se vio obligada a transportar y vender hojas de kosso (hagenia abisínica, utilizadas como vermífugo intestinal) en el mercado de Góndar para mantener a la familia. Por ello Kassa fue conocido durante su vida como el hijo de la vendedora de kosso.

    Bajo la protección de su tío fue enviado a un monasterio cercano al lago Tana donde recibió formación monacal uniéndose después a la banda de su hermano Kinfu Hailu que operaba en la región de Qwara asaltando caravanas, robando ganado y saqueando poblados de Shankallas (los actuales Gumuz). Después de que su hermano muriese en una de las incursiones, el tomó el mando del grupo y empezó a hacerse conocido por beneficiar a los más necesitados pues repartía entre los pobres parte de los botines obtenidos . En 1845 su poder era ya tan evidente que la madre de Ras Ali II Alula, Itege Menen, le confirmó en su cargo de gobernador de Qwara a la vez que le ofrecía a la hija de este, Tewabech, como esposa. En los tres años siguientes, Kassa Hailu no solo fortaleció su poder en la región de Qwara y sus lindes sino que se atrevió a atacar las fuerzas egipcias establecidas en Sudan más allá de Matama. Se adentró en territorio sudanés hasta Debarki a 100 millas al este de Sennar, pero fue derrotado y tuvo que volver a Qwara en retirada donde tuvo que sofocar unas rebeliones acaecidas en su ausencia dando ya muestras de crueldad al cortar manos y pies a los rebeldes.

    Entre 1852 y 1855, Kassa Hailu derrotó a los cuatro jefes que despuntaron en el norte de Etiopia y fue coronado emperador con el nombre de Tewodros II por Abuna Selama en la iglesia de Derasge Maryam en la región de Semien. Aunque parece contrastado que la primera intención de Tewodros II fue la de unificar y revitalizar su imperio luchando contra la anarquía de los feudos y el retraso tecnológico del país, su falta de tacto y compresión en la política internacional le llevarían a ofuscarse en sus relaciones con el imperio inglés lo que conduciría al final de su imperio.


El Patriarca Abuna Selama que murió en la prisión de Maqdala

    Desde el inicio de su reinado, Tewodros estuvo casi constantemente comprometido con sus campañas militares. Inició su reinado con incursiones en Wollo y Shoa pero mientras conseguía el control de estas regiones nuevas rebeliones acaecían en Gojjam y Gondar que fue tomada por los sobrinos de Wube. Uno de estos, Agaw Negussie, lideró una oposición en Tigray que fue finalmente aniquilada a finales 1860. Negussie fue capturado y murió de inanición en prisión un mes después. Para conseguir un control militar en todas las regiones del norte de Etiopia, Teowdros reformó el ejército y profesionalizó todos sus mandos. Prohibió el saqueo en sus tropas y castigó duramente a los que quebrantaran esta ley.

   Pero para mantener un ejército cuasi profesional de grandes dimensiones necesitaba aumentar los ingresos por tasas lo que le hizo enfrentarse con la iglesia ortodoxa iniciando así la pérdida de su popularidad. Teowdros empezó a recortar las tierras pertenecientes a la iglesia ortodoxa, que poseía un tercio del total de las tierras bajo control imperial. El recorte supuso que cada iglesia dispondría de la tierra suficiente para mantener dos curas y tres diáconos. El resto de las tierras pasarían a poder los agricultores que pagarían impuestos por ello. Además de este enfrentamiento por el control de las tierras, las relaciones de Teowdros con la iglesia ortodoxa empeoraron debido a la hostil relación personal que mantenía con el Patriarca egipcio Abuna Selama. Después de varios desencuentros con él, lo encerró en la prisión de Magdala donde murió tres años después. Sofocó las protestas del clero de Gondar quemando muchas de sus iglesias y apoderándose de sus pertenencias de valor que pasaron a formar parte del tesoro imperial.

    Teowdros propició sus relaciones con los misioneros protestantes a quienes veía capacitados para mejorar el nivel tecnológico de su reinado. Además, los consideraba como embajadores de sus países y medios útiles para el establecimiento de las relaciones diplomáticas. Varias docenas de misioneros protestantes llegaron a Etiopia entre 1855 y 1856 acompañados por artesanos de varios oficios. Se les permitió el predicamento de su fe pero su principal misión fue la de hacerse cargo de la fábrica de armas que suministraría armamento al ejército imperial. La fábrica se estableció en Gafat cerca de Debre Tabor, la residencia imperial.


Fortaleza natural de Maqdala, lugar donde murió Teowdros

    En abril de 1959 moría Tebebech la esposa de Tewodros y este acontecimiento provocó un cambio en el carácter del emperador que a partir de este momento mostró un alejamiento progresivo de la realidad que se iría acentuando en la última década de su vida. La muerte de Tebebech repercutió en el estilo de vida de Tewodros que empezó a consumir grandes cantidades de alcohol a la vez que se relacionaba sexualmente con múltiples concubinas. Su carácter se volvió inestable y sufría constantes arrebatos de ira.

    En 1860 llegaba a Etiopia Henri Stern, financiado por la Sociedad para Promocionar el Cristianismo entre los Judíos. Su primer desencuentro con Teodwros fue cuando este le propuso que bautizase a los judíos al cristianismo ortodoxo etíope. El segundo fue cuando el emperador se enteró que en un libro publicado por Stern en Londres en 1862, Deambulando entre falashas, es referido el bajo status social de su madre a la que se menciona como la vendedora de kosso. Este desencuentro llevo a Stern y a uno de sus compañeros misioneros a la cárcel.

    El cónsul británico Cameron trató de conseguir la libertad de Stern pero resultó que él mismo fue encarcelado. El motivo para su encarcelamiento parece que estaba más relacionado con la falta de respuesta de la carta que Teowdros mandó a la reina en 1862 que con su protesta por el encarcelamiento de Stern. La carta fue enviada a Inglaterra en amárico, y fue contestada por la oficina de exteriores en 1864 que comisionó para el envío al primer secretario de la agencia británica en Adén, el iraquí de religión cristiana, Hormuzd Rassam. Debido en parte a impedimentos que el propio Tewodros le puso para proseguir viaje mas allá de Massawa, Rassam se demoró casi dos años en el viaje y llegó al campamento imperial situado en las inmediaciones del lago Tana el 28 de enero de 1866.


Transporte del mortero Sebastopol por el empinado camino hacia la fortaleza de Maqdala

    Los prisioneros que estaban en Maqdala a unos cientos de kilómetros del campamento imperial llegaron a este el 12 de marzo. En ese momento su número había ascendido a 18. A los tres prisioneros iniciales (Stern, su compañero misionero y el cónsul Cameron) se les unieron otros cinco misioneros y varios artesanos y técnicos europeos. Pero cuando estaban ya listos para partir Teowdros los mandó encadenar acusándolos de varios delitos. Luego mandó a Rassam una lista con los especialistas que el deseaba que le fuesen enviados desde Inglaterra: diferentes artesanos expertos en la construcción de armas. Al final fue el misionero protestante, Martin Flad, quien llevó la lista, ampliada de nuevo por Teowdros, a la Reina Victoria. Después de un año de valoraciones y tentativas de acuerdos, el gobierno inglés anunció la decisión de enviar una expedición militar para liberar a los prisioneros.

    El encargado para realizar la misión de rescate fue el comandante general del ejército inglés en la India, Sir Robert Napier. Este se dio prisa con los preparativos y estaba ya en Zula (la antigua Adulis) con todo el contingente de tropas el 7 de Enero de 1868. A pesar de lo dificultoso del trayecto el avance del ejército inglés por las pendientes y gargantas etíopes fue rápido. Contaban con miles de animales de carga, incluidos 44 elefantes. Montaron además una línea de ferrocarril en el altiplano eritreo para acelerar la aproximación. En tierras de Tigray Napier contó con la colaboración de Kassa Mercha, el futuro Johannes IV, quien le proporcionó apoyo e información logística. El 3 de Abril ya en las inmediaciones de Maqdala, Napier escribió a Tewdros instándole a que liberase al emisario Rassam, al cónsul Cameron y a los demás prisioneros europeos en su poder.


Robert Napier, jefe de expedcion británica a Maqdala

   Ante la falta de respuesta, Napier preparó el ataque para el 10 de Abril. Al atardecer de aquel día y ante la marcha de aproximación del ejército inglés, Teowdros ordenó la primera carga de su artillería pero sus proyectiles eran bolas de piedra que afectaron bien poco a la marcha del ejército inglés. Su famoso mortero Sebastopol con el que pensaba podía detener a los ingleses, explotó en la primera carga y quedó inutilizado. El encuentro entre los dos ejércitos fue muy desigual. Los ingleses estaban ya en posesión de los rifles Snider dotados de recámara mientras que el escaso armamento etíope consistía en mosquetes de carga de cañón. El sábado 11, Teowdros envió un mensaje en el que indicaba que estaba dispuesto a rendirse aunque finalmente liberó a los rehenes pero rehusó hacerlo. Napier lanzó el último ataque el 13 de Abril que no obtuvo resistencia pues no quedaban más que 50 soldados en la fortaleza y de estos la mayoría huyeron cuando se inició el asalto. Teowdros murió a causa de su propio disparo con una de las pistolas que le había regalado la reina Victoria justo antes de que la avanzadilla del ejército de Napier entrase en la fortaleza. Rassam reconoció el cadáver que fue enterrado en unos funerales solemnes en la iglesia de Maqdala al día siguiente, 14 de abril.

   Los sueños de unificación y progreso para Etiopia que había soñado desde el momento que aspiraba a convertirse en emperador nunca estuvieron cerca de cumplirse. Carente de la mínima capacidad política y con un carácter que dio muestras de mucha crueldad a medida que iban pasando los años como emperador, Teowdros se empeñó en solucionar todos los conflictos de su imperio por la fuerza necesitando de todos los recursos disponibles para el mantenimiento de su ejército. Tampoco acertó con las medidas disciplinarias que impuso entre sus tropas pues las deserciones empezaron a ser masivas en la segunda mitad de su mandato y solo disponía de 5.000 soldados cuando esperaba la llegada de Napier. Y en política internacional no pudo ser más ofuscado y carente de visión al quebrantar las elementales normas de hospedaje diplomático. En fin, es difícil de encontrar en toda a historia etíope otro personaje que cometiese semejantes errores tanto en política interior como en las relaciones internacionales.

    Y sin embargo Tewodros es seguramente el personaje histórico mas admirado por los etíopes desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Su figura se imprime en miles de posters, postales y camisetas. El ayuntamiento de Góndar le dedicó recientemente (2012) el lugar más céntrico de la ciudad para colocar su estatua en señal de agradecimiento. Es posible que la opinión popular se haya fijado más en los valores que le guiaron para conseguir la unidad de Etiopia y el fortalecimiento del país que en los logros conseguidos y en los desastres ocasionados.


Retrato de Alamayahu poco después de su llegada a Londres en 1868

    Recientes historiadores como el americano Paul B. Henze o el etíope Shiferaw Bekele coinciden en señalar que su intento de modernizar el estado etiope no pasó de su deseo personal de dominar desde una posición central. Su escaso respeto por la ley, su intolerancia hacia las minorías y el desprecio de los consejos de sus diplomáticos le confieren como un personaje arrogante y fanático que generó su propio poder siempre por medios violentos.

    Una vez rescatados los prisioneros y enterrado el cádaver de Teowdros, Napier se dio prisa por volver con su ejército a la costa. Pero aún dispuso de 5 días para permitir el saqueo a sus tropas y para que los arqueólogos de su expedición se apoderaran de los más valiosos manuscritos del tesoro imperial etíope. 350 de estos pasaron a los fondos del British Museum. Otros muchos fueron cogidos por oficiales y soldados que los vendieron a particulares. Algunos de estos manuscritos fueron entregados a la iglesia Cheleqot Selassie en Tigray. Napier cogió el mismo la corona y el sello imperial y se los presentó a la reina Victoria. Jorge V, devolvería esta corona a Ras Tafari en su visita a Inglaterra en 1925. Napier también se llevó con él a Tirunesh, la viuda de Tewodros y a su hijo Alamayahu. Tirunesh no salió de tierra etíope pues murió antes de que la expedición saliese de Etiopia y fue enterrada en la iglesia Cheleqot Selassie en Tigray. Alamayahu fue llevado a Inglaterra donde quedó bajo la protección de la reina. Estudió en los mejores colegios de Londres pero enfermó y murió a los 19 años de edad.


© 2013 ethiopiko.org